La noticia, en apariencia técnica, tiene un efecto muy cotidiano: a partir de enero de 2026, Gmail deja de ofrecer asistencia para Gmailify y para la función de “Consultar el correo de otras cuentas” mediante POP. Dicho de otro modo, se complica —o directamente se rompe— uno de los hábitos más extendidos de la era del “todo en una bandeja”: usar Gmail como centro de mando para cuentas externas, ya sea del trabajo, de un dominio propio o de proveedores clásicos.
Hasta aquí, el titular oficial. Pero la lectura social va más allá: el cambio alimenta la sensación de que Google está levantando “puertas” en torno a sus productos, reduciendo atajos gratuitos y empujando al usuario a hacer lo que más conviene al ecosistema: depender de Gmail como cuenta principal, usar su aplicación móvil como pasarela o, en entornos profesionales, valorar una migración a Google Workspace. Y el correo electrónico —una tecnología nacida para ser abierta— vuelve a quedar en medio de esa tensión entre estándares y plataformas.
Dos recortes que afectan al “Gmail como centralita”
El primer ajuste es el fin de Gmailify, una función que permitía “vestir” cuentas de terceros con algunas ventajas típicas de Gmail. Quienes la usaban podían beneficiarse de elementos como la protección contra spam, categorías automáticas en la bandeja de entrada o búsquedas más potentes. Desde enero de 2026, esas funciones específicas dejan de aplicarse en cuentas externas.
El segundo golpe es aún más directo para el usuario de escritorio: Gmail deja de admitir la consulta de correos de cuentas de terceros a través de POP y la opción desaparece en Gmail para ordenadores. Eso afecta a quienes tenían configurado que Gmail “recogiera” mensajes de otro buzón y los mostrara en su bandeja principal como si fueran propios.
Google, además, añade matices sobre el calendario: se dejará de dar soporte a nuevos usuarios como muy tarde en el primer trimestre de 2026 y los usuarios existentes podrán seguir utilizándolo hasta que se desactive más adelante en 2026. El mensaje es claro, aunque el “cuándo exacto” no lo es tanto para quien necesita certezas operativas.
La sospecha del usuario: “esto me empuja al pago”
El debate no nace solo por lo que se retira, sino por el patrón que muchos creen ver. En la última década, Google ha ido reordenando su oferta para separar con más nitidez el uso personal del uso profesional, con decisiones que han afectado a dominios familiares y pequeñas organizaciones. En documentación de administración, Google recuerda que en 2022 se impulsó la transición de cuentas “business” hacia suscripciones de Google Workspace, acotando el uso gratuito a escenarios personales no comerciales.
A ojos de los críticos, el movimiento de Gmail encaja con esa lógica: si se complica la integración gratuita con cuentas externas, el usuario tiene menos “comodidad” para seguir usando dominios propios o proveedores alternativos sin fricción. Se puede seguir, sí, pero con más pasos, más configuración y más dependencia de la app.
En justicia, también existe otra lectura: POP es un protocolo veterano, con limitaciones técnicas y de seguridad, y mantener funciones heredadas cuesta. Google no ha explicado públicamente un motivo técnico detallado más allá de que deja de ofrecer asistencia para esas funciones. La consecuencia, sin embargo, es la misma para el usuario final: menos opciones en la web y más cambios obligatorios en su rutina.
El correo debería ser abierto, pero la experiencia ya no lo es tanto
Conviene separar dos planos. El correo electrónico como tecnología sigue siendo abierto: SMTP, IMAP y POP son estándares, y Gmail continúa siendo accesible desde aplicaciones de terceros. Lo que cambia es la experiencia de centralización dentro de Gmail, especialmente en escritorio: se pierde la idea de “traigo el correo de fuera y lo gestiono todo aquí”.
En la práctica, el usuario se ve empujado a elegir entre dos caminos, ambos menos cómodos que el anterior:
- Reenvío automático desde el proveedor original, para que los mensajes nuevos lleguen a Gmail “empujados” por el otro servicio. Es una alternativa funcional, pero requiere configuración en el proveedor externo y puede complicar filtros, etiquetas, bucles de reenvío o autenticación si no se hace con cuidado.
- Añadir la cuenta en la app móvil de Gmail mediante IMAP, lo que permite leer y enviar desde esa cuenta dentro del móvil, pero sin las “ventajas extra” que daba Gmailify. En otras palabras: se mantiene el acceso, pero se degrada el valor añadido.
Y aquí aparece el punto crítico: el correo puede seguir siendo abierto, pero si el flujo más cómodo —la integración total dentro de la web de Gmail— desaparece, la apertura se queda en lo técnico mientras la experiencia se vuelve cada vez más “de plataforma”.
Impacto real: el riesgo no es perder correos, es dejar de verlos
Google subraya un punto tranquilizador: los mensajes sincronizados antes de la retirada se mantienen en Gmail. El problema está en el “a partir de ahora”. Quien dependiera de la recogida POP para ver mensajes nuevos puede empezar a no recibirlos en su bandeja principal si no cambia nada.
En empresas y centros educativos, el efecto puede ser mayor, porque muchas veces esas integraciones “baratas” se usaban como pegamento mientras se decidía una migración. Google, en ese escenario, apunta a sus herramientas de migración de datos en Google Workspace, diseñadas para mover correo desde otras plataformas o cuentas IMAP.
El trasfondo: la web se hace más cerrada, y el usuario paga con fricción
La crítica más repetida no es que exista un producto de pago, sino que lo gratuito pierda piezas que eran esenciales para la vida real: centralizar cuentas, ordenar sin esfuerzo, mantener histórico y operativa sin “tirar” de una app concreta. Cuando una compañía del tamaño de Google mueve una palanca así, no cambia solo una opción del menú: empuja a millones de usuarios a adoptar su ruta preferida.
En un Internet ideal, el correo seguiría siendo un servicio abierto tanto en estándar como en experiencia: que cada usuario elija proveedor, cliente y método de integración sin sentir penalizaciones. En el Internet de 2026, la apertura existe, pero cada vez exige más conocimientos, más pasos… o aceptar la comodidad del jardín vallado.
Preguntas frecuentes (SEO y AI Overviews)
¿Qué alternativas hay a “Consultar el correo de otras cuentas” en Gmail si se usaba POP?
Las dos vías más habituales son configurar reenvío automático desde el proveedor externo o usar un cliente de correo que gestione varias cuentas por IMAP/SMTP. En móvil, la app de Gmail permite añadir cuentas externas con IMAP.
¿Gmail deja de ser compatible con POP e IMAP en general?
No. Lo que se retira es la función de Gmail para “traer” correos de terceros por POP y la capa Gmailify. Gmail sigue pudiéndose usar con aplicaciones de terceros mediante protocolos estándar.
¿Cómo centralizar un correo con dominio propio sin depender de Gmailify?
Una opción es activar reenvío desde el servidor del dominio hacia Gmail y configurar el envío saliente con SMTP del propio proveedor (con SPF/DKIM/DMARC bien ajustados). Otra alternativa es mantener el dominio en su proveedor y gestionarlo con un cliente IMAP multicuenta.
¿Qué deben hacer pymes o centros educativos que tenían varias cuentas externas dentro de Gmail?
Conviene auditar qué buzones dependían de la recogida POP, definir si se mantiene una arquitectura multicuenta (cliente IMAP) o si se migra todo a una plataforma unificada, y planificar el traslado del histórico con herramientas de migración si se busca continuidad y cumplimiento.
Fuente: Adiós Gmailify