La subida del streaming puede llevar a cancelaciones o piratería entre los hogares

El encarecimiento constante de las plataformas de streaming está llevando a muchos hogares españoles a replantearse cuántas suscripciones digitales pueden mantener. Según Sharingful, una plataforma especializada en compartir suscripciones, tener activas varias opciones de vídeo y música puede superar ya los 50 o 60 euros al mes, una cifra que para muchas familias resulta cada vez más difícil de sostener y que está cambiando la forma en la que se consume contenido digital.

Estas subidas se han ido acumulando con el paso de los años. De acuerdo con The Olive Press, el plan estándar de Netflix ha pasado de rondar los 12,99 euros en 2021 a situarse en 13,99 euros en 2025. En paralelo, Disney+ y HBO Max también han ido ajustando al alza sus tarifas, según distintos análisis del mercado. A este escenario se suma una evolución clara del consumo digital: el modelo de suscripción ya no se limita al ocio. Cada vez más servicios cotidianos funcionan con pagos mensuales, lo que ha hecho que plataformas antes consideradas prescindibles hayan pasado a ocupar un espacio fijo en el presupuesto familiar y se perciban como un gasto casi inevitable.

Suscripciones más caras y el efecto en los hogares: más cancelaciones y riesgo de piratería

Más allá de incrementos puntuales, la tendencia general muestra un encarecimiento sostenido. Según datos recogidos por Europa Press, el coste de las principales plataformas de streaming ha aumentado un 81,7% desde 2015, afectando a servicios como Netflix, Spotify, HBO Max, Disney+ o Amazon Prime Video. Este incremento acumulado, sumado al efecto de la inflación, ha convertido las suscripciones digitales en un gasto mensual que compite directamente con otras necesidades del hogar.

En este contexto, el aumento prolongado de precios está empujando a parte de los usuarios a cancelar suscripciones o incluso a recurrir a la piratería. Lo que antes se vivía como entretenimiento asequible se ha transformado en un compromiso económico recurrente, especialmente cuando cada vez más servicios digitales adoptan el formato de suscripción. Esto obliga a muchas familias a decidir qué plataformas conservar y cuáles dejar atrás, modificando su relación tanto con el ocio como con otros servicios digitales.

Desde Sharingful señalan que “las subidas de precio y la inflación están llevando a muchos usuarios a plantearse cancelar sus suscripciones o incluso a recurrir a la piratería”. En ese sentido, destacan que existen alternativas que permiten mantener el acceso “de forma legal y segura”, ajustándose a hábitos de consumo más reales y ofreciendo una forma de seguir utilizando servicios digitales sin que el presupuesto se vea tan afectado.

Compartir suscripciones como alternativa legal para aliviar el gasto

En medio de este panorama, el intercambio de suscripciones de manera legal y segura gana terreno como una práctica cada vez más habitual. Plataformas como Sharingful facilitan un modelo colaborativo que permite dividir el coste de las suscripciones y mantener el acceso a los servicios sin necesidad de cancelarlos. Además del ahorro, este enfoque ayuda a equilibrar las cuentas en un entorno marcado por la inflación y por subidas de precio recurrentes.

El encarecimiento del streaming y la expansión del pago mensual como fórmula dominante han cambiado la relación de los hogares españoles con el consumo digital. Controlar la factura mensual sin renunciar a servicios integrados en el día a día se ha vuelto una prioridad, y compartir suscripciones de forma legal se presenta como una opción viable para seguir accediendo a herramientas digitales —ya sean de entretenimiento, bienestar, educación o productividad— sin que el bolsillo lo note tanto.

En esa línea, Sharingful destaca que su plataforma no se limita solo a servicios de ocio. También permite compartir suscripciones vinculadas al bienestar, como Headspace, a la educación, como Duolingo, o a la productividad, como Canva o Microsoft, entre otras opciones. Su plan de negocio para este año se centra en la expansión demográfica y, entre sus objetivos para 2025, figura crecer en varios mercados europeos.

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